Desde que te fuiste cambiaron los cuadros de la casa, las paredes se tiñieron de un gris perlado, el gato se fue.
No dejo de fumar y de tomar. El colchón esta mas duro que los fideos de anoche, y la ducha solo sirve para enfriarme las pelotas.
Asi me senti después de dejar la facultad. Tomaste tus cosas y simplemente, te fuiste.
Para no desesperar sabiendo que ya no estabas tomé lo que tenia a mano. Despues vino el verdadero tormento. Falta de inspiracion , falta de color, de olores.
Ahora mismo tiraría por la ventana la campera negra que dejaste y no quisiste llevarte. Si, esa que tiene todavía olor a vos. Esa que te regalo Germán para tu cumpleaños. El hijo de puta ese que alardeaba haber leído dos novelitas de Lenin. 

Me caigo y me levanto con sabor a piso sucio, a goteras, y a pelo de gato que se fue.

Cortázar diria que te debato en corredores blanquisimos donde se juegan las fuentes de la luz.
Me despedí una vez mas de tus gestos, de tu pelo, de tu boca.
Tantos meses años persiguiendo la tortura de tu sonrisa, y ese sentimiento seco que me trasmitia el cruzarte constantemente en cada esquina de la ciudad. Aunque no fuese precisamente tu sombra, estabas ahí persiguiéndome como un perro a un gato.
Deshilando cada milímetro de mi piel hasta dejarme en carne viva.
Ahora no estoy tan segura de que hacías, ni quién eras.
Me despedí de mi silueta que nadaba desnuda en cada charco de lluvia.
Busqué el punto mas alto del mundo para que ya no existiesen laberintos.
Y te deje caer.