Desde que te fuiste cambiaron los cuadros de la casa, las paredes se tiñieron de un gris perlado, el gato se fue.
No dejo de fumar y de tomar. El colchón esta mas duro que los fideos de anoche, y la ducha solo sirve para enfriarme las pelotas.
Asi me senti después de dejar la facultad. Tomaste tus cosas y simplemente, te fuiste.
Para no desesperar sabiendo que ya no estabas tomé lo que tenia a mano. Despues vino el verdadero tormento. Falta de inspiracion , falta de color, de olores.
Ahora mismo tiraría por la ventana la campera negra que dejaste y no quisiste llevarte. Si, esa que tiene todavía olor a vos. Esa que te regalo Germán para tu cumpleaños. El hijo de puta ese que alardeaba haber leído dos novelitas de Lenin. 

Me caigo y me levanto con sabor a piso sucio, a goteras, y a pelo de gato que se fue.

Cortázar diria que te debato en corredores blanquisimos donde se juegan las fuentes de la luz.
Me despedí una vez mas de tus gestos, de tu pelo, de tu boca.
Tantos meses años persiguiendo la tortura de tu sonrisa, y ese sentimiento seco que me trasmitia el cruzarte constantemente en cada esquina de la ciudad. Aunque no fuese precisamente tu sombra, estabas ahí persiguiéndome como un perro a un gato.
Deshilando cada milímetro de mi piel hasta dejarme en carne viva.
Ahora no estoy tan segura de que hacías, ni quién eras.
Me despedí de mi silueta que nadaba desnuda en cada charco de lluvia.
Busqué el punto mas alto del mundo para que ya no existiesen laberintos.
Y te deje caer.

Hay que sacar al perro

Y ella con sus tacones va amarrada a su perro, mientras que al otro lado lleva amarrado a su marido. 
Ninguno tiene ganas de sacar al perro, pero ambos lo miran impacientes mientras caminan. 
Todo sea por tener una excusa para vestir su mejor blusa y una cartera de Louis Vuitton. 
Él por su parte se abstiene a las reprimendas de su mujer. ¿Porqué no vas a sacar al perro ¡Te pasas todo el día ahí sentado mirando la tv!
Entonces hace una mueca, y como buen pollerudo la sigue. Ella por supuesto le elige la ropa, y entonces juntos bajan a pasear al perro por las vereditas de Plaza Italia.

Poema para una mujer extraviada

Esa noche supe que te escribiría. Esa imagen tan tuya quedo latente en mi recuerdo, evocando todos los sentimientos de naturaleza abstracta. Yo me habia acercado a la escalera, y lentamente tus tacones de charol comenzaron a resonar en el eco del edificio. Alce la mirada, solo tus labios se asomaban a traves del velo negro que llevabas puesto. Y plaf... plaf, bajaste cada vez mas lento, acentuando el sonido de tus tacos. Yo, al borde de la barandilla te mire, sentí que estaba esperandote. Esa fue la unica vez que te vi. 
Él hablaba de su pasado, se había olvidado del aspecto frio de todos los días. Hablaba de su antiguo trabajo.
Por un momento me invadió una tristeza efímera al ver sus bocas arrugandose al acercar el tenedor a sus bocas. Ambos estaban viejos. El rencor acumulado por años desapareció, y sentí una profunda sensación hacia aquellos dos seres que siquiera reparaban en mi presencia. Añoraban su pasado y lo miraban con simpatía, mientras el inerte mundo al que se somentian hoy, los alejaba de aquella gozosa juventud en la que criaban gallinas y sembraban en sus quintas. El presente desvanecido. Todo había quedado atrás y sus rostros envejecidos.