Me despedí una vez mas de tus gestos, de tu pelo, de tu boca.
Tantos meses años persiguiendo la tortura de tu sonrisa, y ese sentimiento seco que me trasmitia el cruzarte constantemente en cada esquina de la ciudad. Aunque no fuese precisamente tu sombra, estabas ahí persiguiéndome como un perro a un gato.
Deshilando cada milímetro de mi piel hasta dejarme en carne viva.
Ahora no estoy tan segura de que hacías, ni quién eras.
Me despedí de mi silueta que nadaba desnuda en cada charco de lluvia.
Busqué el punto mas alto del mundo para que ya no existiesen laberintos.
Y te deje caer.

1 comentario: